El bienestar de nuestro gato depende en gran medida de los cuidados veterinarios que le proporcionemos. Muchas personas creen que, si su gato no muestra signos evidentes de enfermedad, no es necesario llevarlo al veterinario, pero lo cierto es que las revisiones periódicas y la prevención son fundamentales para evitar enfermedades graves. En este artículo te explicamos con qué frecuencia debes llevar a tu gato al veterinario, las vacunas para gatos más importantes y qué medidas puedes tomar para prevenir enfermedades comunes.
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La frecuencia de las visitas veterinarias varía según la edad, el estado de salud y el estilo de vida del gato. A continuación, te explicamos las recomendaciones generales para cada etapa:
Los gatos pequeños requieren atención frecuente en su primer año de vida. Deben visitar al veterinario aproximadamente cada 3 o 4 semanas hasta completar su calendario de vacunación, desparasitación y revisión de su crecimiento. Además, es el momento ideal para recibir consejos sobre alimentación, socialización y prevención de enfermedades.
Un gato adulto sano debe acudir al veterinario al menos una vez al año. En esta consulta se realiza una exploración general, se administran las vacunas necesarias y se llevan a cabo controles de desparasitación. Además, si el gato presenta algún síntoma anormal, se pueden detectar problemas a tiempo.
A partir de los 7 años, los gatos comienzan a envejecer y pueden desarrollar enfermedades como insuficiencia renal, problemas articulares o trastornos digestivos. Se recomienda llevarlos al veterinario cada 6 meses para detectar y tratar posibles afecciones antes de que se agraven.
Si en cualquier momento notas cambios en su comportamiento, pérdida de peso, letargo, vómitos frecuentes o dificultades para moverse, es importante acudir al veterinario lo antes posible.
Las vacunas para gatos son esenciales para prevenir enfermedades contagiosas y potencialmente mortales. Aunque un gato viva en casa sin contacto con otros animales, algunas enfermedades pueden transmitirse por el aire o a través de objetos contaminados. Estas son las vacunas más importantes:
Es una de las vacunas fundamentales, ya que protege contra tres enfermedades:
Rinotraqueítis felina (herpesvirus felino): afecta al sistema respiratorio y puede causar secreción nasal, fiebre y conjuntivitis.
Calicivirus felino: provoca úlceras en la boca, fiebre y problemas respiratorios.
Panleucopenia felina: una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta el sistema digestivo y puede ser mortal en gatitos.
Se administra a los 2 meses de edad con refuerzos posteriores.
La leucemia felina es una enfermedad grave que debilita el sistema inmunológico del gato, haciéndolo vulnerable a otras infecciones. Se recomienda especialmente para gatos que tienen acceso al exterior o conviven con otros gatos. Se administra a partir de los 2 meses de edad y requiere un refuerzo posterior.
Obligatoria en algunas regiones, la vacuna contra la rabia protege de una enfermedad mortal que puede transmitirse a los humanos. Se administra a partir de los 3 meses y suele repetirse anualmente.
Dependiendo del estilo de vida del gato y del riesgo de exposición, el veterinario podrá recomendar vacunas adicionales, como la de la peritonitis infecciosa felina (PIF) o la bordetella.
Además de las vacunas para gatos, existen otras medidas preventivas clave para mantener su salud:
Los parásitos intestinales, las pulgas y las garrapatas pueden afectar gravemente a los gatos. Es importante administrar antiparasitarios internos cada 1-3 meses según el riesgo y aplicar tratamientos externos para evitar infestaciones.
Una dieta de calidad es fundamental para fortalecer el sistema inmunológico del gato. Opta por alimentos ricos en proteínas y evita los ultraprocesados de baja calidad. El agua fresca y limpia siempre debe estar disponible.
Mantén el arenero limpio para prevenir infecciones urinarias y problemas digestivos.
Cepilla su pelaje regularmente para evitar la formación de bolas de pelo.
Proporciónale rascadores, juguetes y espacios de descanso para reducir el estrés.
Los chequeos regulares permiten detectar problemas de salud antes de que se conviertan en enfermedades graves. Un análisis de sangre o una revisión dental a tiempo pueden hacer la diferencia en la calidad de vida de tu gato.
Cuidar la salud de tu gato implica más que atenderlo cuando se enferma. Las visitas regulares al veterinario, la aplicación de vacunas para gatos y la adopción de medidas preventivas son clave para garantizar una vida larga y saludable. Un gato bien cuidado es un gato feliz, y su bienestar depende de nuestra responsabilidad como dueños.
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