Si vives con un gato, probablemente ya lo sospechas: tú no eres el dueño de la casa. Eres el inquilino, el mayordomo y el proveedor oficial de comida y caricias bajo demanda.
¿Necesitas pruebas? Aquí tienes 10 señales irrefutables de que tu gato gobierna tu hogar con pata de hierro (y almohadillas esponjosas):
Nos desplazamos uno o dos días al mes por Tarragona ciudad, para recoger tu donativo de comida donde tu nos digas. Cuando vayas a la compra, coge una lata, un saco de pienso, o cualquier otro alimento. Ni lo notarás en el total de la compra, y ayudarás muchísimo con tu donativo.
Cada vez que te levantas, aunque sea por un segundo, tu gato ocupa tu asiento como si hubiera estado esperando toda la vida. Y cuando intentas recuperarlo, te lanza esa mirada de «te atreves a desafiarme, humano».
Ese florero roto, los cojines en el suelo y las cortinas desgarradas no son accidentes, sino ajustes felinos al diseño de interiores. Tu casa no está desordenada, está «gatificada».
No importa que sea fin de semana o que hayas dormido apenas cuatro horas, tu gato decide que la mejor hora para desayunar es cuando a él le apetece. Y si ignoras sus miau-miau-miaus… bueno, prepárate para un ataque sorpresa de patitas en la cara.
Compraste una tele nueva, pero a tu gato sólo le interesa la caja. Y ahora la usa como su fortaleza de la soledad, su escondite secreto o su cama de lujo. Y tú, bueno, puedes quedarte con la tele.
Si trabajas desde casa, tu gato cree que la mejor manera de demostrarte cariño es acostándose sobre el teclado en el peor momento posible. No está interrumpiendo, simplemente está recordándote que tu atención le pertenece.
Cuando llega alguien a tu casa, tu gato decide si será invisible, un espía silencioso o un inspector severo. Si la visita no pasa su prueba de confianza, no hay cariño para nadie.
¿Privacidad en el baño? Ja. Si cierras la puerta, empezará el rascado insistente y los maullidos de protesta. Y si la dejas abierta, será tu compañero de guardia, mirándote fijamente con cara de «¡qué interesante!».
Tú dices «no se sube a la mesa». Tu gato escucha «sólo cuando no estoy mirando». Tú dices «ese sillón es nuevo». Tu gato lo ve como «el nuevo rascador de lujo».
Tu gato ha ajustado tu rutina a sus necesidades. Hora de comer, hora de jugar, hora de dormir (o de correr por la casa como un loco a las 3 a.m.). Su agenda es la que manda.
Admitámoslo, aunque tu gato sea un pequeño tirano de cuatro patas, su ternura, sus ronroneos y sus momentos de cariño inesperado hacen que todo valga la pena. Porque al final, él es el dueño de la casa… y también de tu corazón.
¿Tu gato hace alguna de estas cosas? ¡Cuéntanos en los comentarios cómo tu minino domina tu hogar! Y si te ha gustado este artículo, compártelo con otros esclavos felices de sus gatos. 😹😺
Cambra de Comerç de Tarragona ha asesorado nuestro proyecto GatsTgn
Cada gato abandonado en Tarragona que recibe comida y refugio es un paso hacia una vida digna. Y tú puedes ayudar de una manera muy sencilla.